Solo para que recuerdes, fue el día que me acompañaste a comprar unas entradas para un concierto.
Ese día hubo hechos que me encantaron vivir y que merecen ser descritos, porque algún día lo leerás y quiero que los sepas.
“Primero fue cuando vitriniabamos y ese niño se acercaba, y yo por molestarte te obligue a avanzar para que no lo miraras, te enojaste y me dijiste: “¡Se supone que eres mi amigo, deberías apoyarme!” Entonces para reivindicarme, al ver que el niño venia hacia nosotros y para que no te viera con alguien, que pudiera parecer tu pareja y se fijara en ti, pensé en adelantarme para que él te mirara cuando pasara a tu lado. Me trate de alejar rápidamente, pero te enojaste, tomaste mi del brazo y dijiste: “! No te alejes de mi, tu vienes conmigo!” Creo que fue algo así y en ese momento alucine por completo, ese pequeño detalle hiso que el día cobrara vida y mi alegría se llegara a mi rostro en un segundo. ¿Cómo algo tan sencillo y pequeño me hace tan feliz?
“Luego en tu casa, un día glorioso. Sencillo y tranquilo, me cuesta entenderte o seguir el hilo de tus pensamientos, pero estar a tu lado es algo mágico, me siento como si estuviera en mi casa, en un lugar conocido donde puedo estar cómodo sin esfuerzo. Hablamos, reímos y estuve en paz por unas horas, pude relajarme, de una forma que ya tenía olvidada. Te prometo que estuve con una sonrisa de estúpido todo lo que siguió del día. No hubo un beso, ni un abrazo, con surte nuestras manos se rozaron, pero ahí estaba yo acostado a tu lado y tu jugabas con tus manos, mientras husmeabas en internet y reíamos, todo perfecto y natural. Al Llegar a mi casa aun sonreía como estúpido. El efecto que tienes en mi, va allá de lo que pensaba, el solo hecho de recordar tus finos dedos entre mi cabello, me hace sonreír y volver a ese estado de calma, en donde el tiempo no tiene lugar y todo es un sueño del que no quiero despertar”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario